CORRUPCIÓN POLÍTICA ACTUAL EXTERMINIO DESDE LA ANTIGUA GRECIA
Mucho escuchamos sobre la corrupción política de nuestro país, que es un acto tan repudiable desde todos los aspectos de la práctica de las democracias actuales desde múltiples instancias de la institucionalidad, que no sólo es un mal de las entidades públicas, sino que en general, toda la sociedad está en su práctica, degenerando todos los aspectos humanos del desarrollo egoísta de las libres competencias de la sociedad en general.
La verdad es que desde todos los campos de aplicación de las acciones de desarrollo y la implementación de las libres competencias de los actores humanos del día a día, se evidencia que no sólo es una afectación de nuestro país, Colombia, sino que permea a casi todas las naciones en general, quizás la tan mencionada “Globalización” sea la culpable de estos males modernos, pero en realidad como sociedad somos ignorantes al verdadero problema que no sólo se puede considerar que es la verdadera nueva pandemia mundialista, sino que se aplica el adagio popular: “Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla” ―Napoleón Bonaparte―.
Entonces se puede condicionar al ser humano a que en realidad siempre hay algo que escudriñar en la historia del ser humano, en aquellas civilizaciones antiguas que dejaron su legado, en aquellos “eruditos” que lo único que dejaron es una huella en el tiempo, indicando que todo es un conjunto de acciones preestablecidas, que el ser humano sólo es un agente que vuelve a repetir las situaciones en la vida, así avance la tecnología y corran los calendarios, siempre se estará anclado al pasado desde que no se superen y mejoren los errores actuales, que son tan sólo una repetición de acciones que ya fueron vividas en otras instancias de una vida pasada, ahí es donde surgen los interrogantes: ¿Para qué se vuelve a repetir algo que ya tiene solución?, ¿Qué objeto tiene volver a repetir las estupideces que otros ya cometieron y se subsanaron en el pasado?
Nuestras naciones, hoy en día están sumergidas en la inconstante de los errores del pasado, donde cada día se degrada más y más la calidad de vida de la población, de las clases obreras, se les aumentan los impuestos, no se les suben los salarios, la inflación desbordada, guerras, masacres, drogas, vicios, corrupción, beneficio de unos pocos egoístas, primando el bien privado sobre el bien común, la avaricia está a la orden del día, el sistema capitalista da las condiciones aptas para que todos se desarrollen en todos los aspectos, que quizás no sean los mejores aspectos en muchas instancias, el conformismo de las masas ignorantes de muchos aspectos, ya que si las masas carecen de conocimientos son fácilmente manipulables para los intereses egoístas de aquellos que sólo buscan abarcar los recursos para ellos mismos, con una gula insaciable de poder y riqueza, que no deja que éste mundo brille en otros aspectos, todos sumergidos en las inconstantes del día a día, sufragando por la autoeliminación personal, como individuos humanos.
El kleroterion (Κληρωτήριον), un bolillero antiguo que era un dispositivo de aleatorización que se utilizaba para sortear a los ciudadanos que ocuparían puestos públicos y a los jurados de los juicios. Los atenienses eran conscientes de los riesgos que la corrupción imponía sobre su sistema de justicia.
Un juez o un pequeño tribunal pueden ser sobornados o amenazados. Una multitud, no. Por eso, a la hora de realizar un juicio, solían constituir jurados muy grandes (hasta 500 personas), a los que elegían aleatoriamente y a último minuto.
Cada ciudadano tenía un documento de identidad llamado pinakion, una placa de bronce o madera con su nombre grabado.
El kleroterion era un bloque de piedra con una serie de ranuras ordenadas en filas. Cada ciudadano introducía su pinakion en una ranura. Una vez que todas estaban completas, un oficial de justicia (llamado archon) echaba bolas de bronce blancas y negras en un embudo de la parte superior del kleroterion.
Las bolas bajaban por un tubo y eran mezcladas por un dispositivo de rotación. Luego, se iban extrayendo sucesivamente por la parte inferior. De arriba hacia abajo, se iba definiendo si cada fila de candidatos era aceptada como jurado. Si salía bola blanca, la fila de ciudadanos era incorporada al jurado. Si salía bola negra, era excluida. Y así sucesivamente hasta agotar el número de filas.
Ahora si éste ejemplo no deja claro que a pesar de ser una sociedad organizada y aun así cayeron en decadencia como civilización antigua, pero nos dejaron un precedente que debe ser estudiado e implementado en todas las naciones que se rigen por sistemas de elección y participación civil, es la muestra palpable que no sólo estamos destinados a fracasar también como sociedad, sino que somos los netos responsables que las próximas generaciones no tengas los espacios suficientes para que puedan desarrollarse como entes humanos libres.
Quizás es la maquinaría del sistema, quizás es que como especie estamos destinados a la insurgencia de captar lo que realmente nos conviene como sociedad, quizás es un mecanismo de terquedad que no nos deja ver más allá de las situaciones, quizás es una muestra que nuestra civilización está destinada a fracasar en todos los aspectos, ya que nuestros ancestros nos heredaron las facultades del fracaso.
Cabe recordar que si un ser humano desde su inteligencia individual capta que desde todo lo que nos demostramos en el día a día que podemos mejorar, no cabría la remota posibilidad de que podamos mejorar realmente en todos esos múltiples aspectos, que podemos no sólo salir adelante, sino que también somos los únicos responsables que en cada toma de decisiones para que podamos mejorar siempre como sociedad.
En realidad podemos llegar a la conclusión que de la buena toma de decisiones es el reflejo de que todos salgamos adelante como una masa social capacitada para dejar a las nuevas generaciones no sólo un mundo mejor, sino que también dejemos el legado de lo aprendido, así podemos no sólo enseñar, sino cambiar en verdad el rumbo de perdición de toda la especie humana.
No hay que ser un genio para darse cuenta de las realidades diarias, de que cada día vamos de mal en peor (así hayan personas ilusas que quieran tapar el sol con un solo dedo), la verdad es que de ilusiones no se vive, por muy duro que suene, hay que volvernos personas que tomamos la iniciativa, que promovemos buenas prácticas, que un único cerebro puede cometer los errores más absurdos, pero que no nos podemos dar el lujo de que múltiples cerebros caigan en la estupidez de la masa social estúpida, no podemos darnos el lujo de ser una sociedad estúpida, porque no sólo está en juego nuestro futuro inmediato, sino que también está en juego la especie humana en sociedad.
Jupatesaniga - (1986) Comunicador Social y Periodista Colombiano.

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